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domingo, 23 de febrero de 2014

Crecimiento llega a los pobres, lo confirma informe del Banco Mundial



LO CONFIRMA INFORME DEL BANCO MUNDIAL 

El crecimiento llega a los pobres









El crecimiento económico que se ha dado en nuestro país en los últimos años está llegando a los pobres y se ha apreciado también una reducción en la desigualdad, de acuerdo a un informe del Banco Mundial (BM) correspondiente a un periodo de análisis entre el 2003 y el 2008, entregado a ABC Color por el ministro de la Secretaría Técnica de Planificación (STP), José Molinas.


El funcionario aclaró que no se le puede dar credibilidad a los datos de la encuesta de hogares que se realizó en el 2002 y que es correcto tomar como referencia el 2003, tal como lo hizo el organismo internacional.

Molinas refiere que el mencionado informe dedica un espacio importante al tema de la desigualdad, apuntando que la misma se redujo en el periodo de análisis; sin embargo, la distancia que separa a ricos y pobres sigue siendo muy elevada.

Como dato interesante refirió que en el citado lapso se aprecia que porcentualmente los ingresos de los pobres crecen más que los otros grupos; sin embargo, si la comparación se realiza en montos, en guaraníes, el crecimiento no es muy significativo. “El crecimiento beneficia proporcionalmente más a los sectores pobres”, refiere. 

Aclaró que el comportamiento de ingresos es muy diferente cuando se comparan los sectores urbano y rural.

El informe del Banco Mundial viene a confirmar de alguna manera lo que dijo en entrevista a ABC el analista brasileño Wagner Enis Weber, quien cuestionó algunos conceptos que son repetidos en forma permanente por referentes de diferentes estamentos, y al mismo tiempo criticó la metodología de medición que se utiliza en el país, así como algunos cambios realizados en este sentido.

Fuente: ABC



Información confiable!?

 

En el transcurso de varias décadas, nuestro país vivió a oscuras por la falta de estadísticas confiables y, en realidad, durante la época de la dictadura eso era funcional a un régimen al cual no le interesaba en absoluto que la población accediese a información de calidad en la mayoría de los temas.


 


¡Si hasta la temperatura oficial del país era manipulada! Y era algo asumido por la población aunque no se pudiese hacer mucho al respecto.

Con la llegada de la democracia, muchas cosas cambiaron, pero durante los primeros lustros aún teníamos serias dificultades para acceder a buenas estadísticas oficiales. Las instituciones encargadas aún debían adaptarse a los nuevos tiempos, generar capacidades internas y ganar independencia para la producción de información de calidad.

Sin embargo, desde principios de este siglo aproximadamente o incluso un poco antes, nuestras estadísticas empezaron a evolucionar positivamente, y durante un buen tiempo nos acostumbramos a confiar en la calidad de la información proveída por instituciones como la Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos (DGEEC) o el Banco Central (BCP) en lo referente a datos e índices de carácter económico.

Las Encuestas Permanentes de Hogares (EPH), por ejemplo, si bien existían desde la década de los 80, a partir de la segunda mitad de los 90 fueron mejorando ostensiblemente en su metodología y particularmente en la implementación, con lo cual se podía contar con muy buena información referida al mercado laboral, la pobreza, la caracterización socioeconómica de la población, entre otros datos de gran importancia.

Contar con este tipo de informaciones es obviamente clave en cualquier planificación de política pública y es también tremendamente útil para el sector privado en general, que de esa manera puede tener acceso a datos agregados que lo ayudan en su proceso de toma de decisiones.

Sin embargo, hay señales muy preocupantes que nos alertan sobre un posible retroceso en esta materia si no tomamos las medidas adecuadas para reencauzar todo.

Lo más notorio ha sido, sin duda, el estrepitoso fracaso del Censo Nacional del 2012, que hoy, dos años 
más tarde, no cuenta con un resultado presentable y por sobre todo confiable.

En las últimas semanas, también se puso en duda la metodología utilizada por la DGEEC para la medición de la pobreza a través del instrumento de la EPH. Pero más allá de las cuestiones de orden más metodológico, se trata en realidad de poner en riesgo el principal activo de esta institución: la confianza.

En nuestro país vecino, la Argentina, tenemos un ejemplo muy claro de cómo se ha prostituido el manejo de las estadísticas oficiales y la pérdida total de confianza, tanto a nivel nacional como internacional en las instituciones encargadas de producir dicha información.

Este tipo de situaciones le quita seriedad a un país, sus instituciones pierden credibilidad, se genera un ambiente tenso y de desconfianza mutua, y todo esto termina siendo muy disfuncional para el desarrollo.

No creo que esta sea una cuestión generalizada y claramente estamos muy lejos de lo que ha llegado a ocurrir en la Argentina en el ejemplo mencionado, pero es importante estar alertas y llamar la atención sobre una situación delicada y que merece una corrección de rumbo de manera inmediata y seria.

En una sociedad moderna y democrática, contar con información de calidad es un bien público que debe ser asegurado por las autoridades de turno.

No podemos manejar cifras y datos que no tengan un altísimo nivel de confianza. 

Desde el sector privado debemos ser muy celosos, exigir y colaborar para que una institución tan importante como la DGEEC no involucione y recupere totalmente la credibilidad que se había ganado anteriormente. Pues todo proceso de construcción social se cimenta en el conocimiento objetivo de la realidad.
 
 
Fuente: ultimahora
 

P.U.M.A.: con la salida a la luz de este nuevo dato, se confirma lo que veníamos afirmando desde el 2010, los datos de la pobreza en Paraguay estaban errados y los pobres extremos no son el 19% de la población, sino el 7,2% y esperemos que en breve se pueda subsanar este desfasaje.
 

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