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lunes, 21 de septiembre de 2015

Sociólogo paraguayo, de la Chacarita a México



Orlando Aguirre estudió sociología en la Universidad Católica de Asunción (UCA) mediante una beca y hoy cursa una maestría en México.



Redacción-Paraguay.com

El título de la nota no pretende vender una historia de éxito fácil.Orlando Aguirre se emociona viendo la marcha de los estudiantes desde su computadora. “Hace quince años yo estaba ahí y era uno más y desde la caída de la dictadura no se registraba una masiva convocatoria estudiantil. Yo alguna vez fui secundario”, recuerda.
Orlando se considera “un chacariteño muy frontal que no le gustan las mentiras, cualidad heredada de mis padres campesinos- madre caazapeña y padre itapuense, de San Cosme y Damián- que migraron a Asunción buscando el sueño que en el campo de la posguerra civil del ’47 no había”.
Orlando dice que es alguien que por decir las cosas como son suele ser querido u odiado. “A veces con mal carácter y a veces buena onda”. Sus amigos lo llaman “Orly”. Ese diminutivo del nombre se ganó en la Federación Nacional de Estudiantes Secundarios (FENAES) hace unos años cuando fue el secretario general de esa entidad estudiantil. Orlando es sociólogo y cursa, becado, una maestría en Derechos Humanos en San Luis Potosí, México. 
Orlando Aguirre. Foto: Facebook.
-¿Cómo fue de la beca y la aplicación para  México?
-La llegada a México fue como eso que se dice comúnmente como “El sueño americano” cuando uno va a buscar trabajo en Estados Unidos, pero solamente en este caso fue “El sueño mexicano”.
Un profesor de la facultad me comentó de la posibilidad de aplicar a una Maestría en Investigación Educativa en la Universidad de Guadalajara acá en México. Apliqué a esa convocatoria y quedé en la fase final en la que me pedían cursar de manera presencial sometiéndome a las pruebas rigurosas (una tutoría de un mes, clases presenciales de tres meses que terminaban con el Examen Nacional de Ingreso a Posgrados). Hice todo ese proceso en Guadalajara con la esperanza de que al ingreso con beca completa financiada por la Comisión Nacional de Ciencias y Tecnologías de México (CONACYT).
En el camino del proceso había cosas que no estaban muy claras respecto a si la maestría iba a tener beca o no y eso me causó mucha incomodidad, sobre todo porque había renunciado a mi trabajo y dejado toda la estabilidad que tenía en Paraguay, es decir, me vine con mis ahorros y unas maletas a México a probar suerte. En medio del proceso de selección en Guadalajara, por medio de la ex compañera que tenía en la facultad en Paraguay, me enteré que en San Luis Potosí (al noreste de México, muy parecida a Asunción) donde ella vivía estaba abierta la convocatoria a una Maestría en Derechos Humanos que si estaba inscripta en el Padrón Nacional de Posgrados de Calidad de México, o sea sí había beca. Me enlisté en la convocatoria y quedé en el puesto 8 de los 31 que eligieron y ahora estoy acá en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP).
-¿Cree que en Paraguay tendría la posibilidad de estudiar como lo estás haciendo afuera ahora?
-Creo que ahora CONACYT Paraguay está abriendo esa posibilidad a los nuevos profesionales por medio de la misma modalidad que CONACYT México tiene acá.
Una primera parte es habilitar esta opción de las becas nacionales en las que nuestros científicos tengan la posibilidad de estudiar en nuestro país sin necesidad de migrar.
El asunto es que esa posibilidad debe de ser paritaria y con una competencia justa en las que se privilegien los méritos y no las amistades. Soy un optimista en ese sentido, creo que si se están abriendo estas posibilidades es porque las autoridades están entendiendo que el camino es ese.
Ahora bien, existe otro problema, hay que saber para qué se dan las becas y cuál es el objetivo final, porque se pueden formar buenísimos profesionales en el país que después no encuentran mercado (porque otros lo coparon) y tienen que verse obligados a migrar al extranjero.
En particular, ahora mismo hay poca oferta en Paraguay para las cosas que quería estudiar y que quería hacer, hoy creo que como dirían los buenos marxistas “las condiciones materiales no están dadas” para que pueda estudiar allá porque aún el proceso que otros países iniciaron hace décadas (como México) recién está comenzando en Paraguay y espero que el desarrollo y los incentivos a los nuevos profesionales se siga manteniendo y no se corte por falta de voluntad política de las autoridades.
-Estudió en la Universidad Católica. ¿Se sintió alguna vez discriminado por tu condición de chacariteño?
-Empecé en la UCA en el año 2006 y egresé en el 2013. Llegué el 9 de marzo del 2006 por primera vez en la línea 12 en el Campus que está hacia el barrio Republicano mientras mis compañeras y compañeros llegaban, muchos de ellos, en sus respectivo vehículos.
En todo ese tiempo nunca me sentí discriminado, pero al inicio sí como que había una sensación de incomodidad social por decirle de algún modo, pero solo fue una sensación que no se puede probar. Por suerte eso se fue aplacando cuando me mostré como realmente era.
Nunca oculté mi condición de proletario, todos mis compañeros sabían que en los inicios era un mozo en una discoteca y que tenía que limpiar baños y acarrear borrachos los fines de semana. Ganaba G. 50.000 por noche más las propinas, todos mis compañeros y compañeras sabían lo que hacía, de donde venía y de mis orígenes.
Nunca me achiqué ni me sentí menos que ellos por no tener la posición económica  y social y yo tampoco los miré con ese resentimiento propio que la lucha de clases produce, al contrario, con muchos de los que conocí en la Católica forjé una amistad que la tengo hasta hoy y muchos de los que son mis amigos son de condiciones de clase económica muy superior a la mía. Ni ellos nunca me miraron de manera despectiva ni yo los miraba con odio. Aprendí en la Católica a que la discriminación solamente gana si uno la deja llegar. Yo nunca permití sentirme menos y tampoco me mostraba como inferior, todo lo contrario, mostraba que lo único que nos diferenciaba era la condición de clase económica que teníamos pero que después éramos todos iguales, ni más ni menos.
Los que me quisieron en tiempos de estudiante y dirigente estudiantil en la Católica me quisieron por lo que siempre fui.
-¿Su familia sigue viviendo ahí? ¿De dónde proviene tu familia originariamente?
-Si, gran parte de mi familia vive allí todavía. Viven mi mamá, mi papá, una de mis hermanas con sus tres hijos y un hermano. Mis padres tuvieron siete hijos, tres mujeres y cuatro varones. Yo soy el último. Mi mamá no lee ni escribe, mi papá apenas lee y escribe. De los siete hermanos cinco terminaron la secundaria y sólo yo pude llegar a la universidad y concluirla. Dos de mis hermanas intentaron en los años noventa ingresar en la Universidad Nacional de Asunción (UNA) pagando aranceles por las nubes para el examen de ingreso y no pudieron ingresar por causa de la corrupción imperante, que no es solo de ahora en nuestra máxima Alta Casa de Estudios.
-Militó  en un partido político: ¿cómo fue esa experiencia?
-El Partido Revolucionario Febrerista (PRF) fue como la cúspide de una etapa política, como un cierre momentáneo en la participación activa porque aún sigo en política, como todo el mundo, todos somos políticos y nuestras acciones siempre son políticas. Digo que fue la cúspide porque era una última etapa que necesitaba desde que comencé en la FENAES y que siguió con la representación estudiantil en mi facultad en la UCA. Como la venia a México fue rápida, llegó en pleno momento en la cual era Secretario General de la Juventud Revolucionaria Febrerista (JRF), nunca me puse a pensar si la experiencia fue buena o mala. Me tocó vivir la experiencia dentro de la militancia partidaria en pleno momento de inestabilidad, con la salida de Lugo y con el nefasto gobierno de Federico Franco, además de ver la asunción de Cartes al poder con todo lo que implicaba y con todo lo que está ocurriendo ahora que sabía en ese entonces que iba a ocurrir (inestabilidad, endeudamiento masivo y concentración masiva del poder mediático).
Quizás una de las cosas que me animó a irme de Paraguay fue justamente la cuestión política porque no veía una oposición real al coloradismo, la oposición en Paraguay no existe actualmente, todos son pusilánimes con Cartes y con los colorados. Yo esperaba una oposición real que se pusiera las pilas para enfrentar en las elecciones a la ANR, no una que se sentara a pactar con ella y otros que salieran a denunciar el pacto cuando antes ellos habían intentado pactar. Esperaba que mediante una actitud coherente, de trabajo de base con la gente se pudiera hacerle frente a ese monstruo político que es la ANR. Estas cosas hicieron que me decepcione un poco porque siempre vi (y veo) a la política como una herramienta de transformación de una realidad, pero no transformación como se ve ahora que la utilizan para meter al pariente o al amigo en la función pública, sino como un medio para articular esfuerzos en favor de cambiar una realidad que nos golpea y nos lastima.  
-Existe en el país una especie de desconfianza general hacia la política como herramienta para modificar la realidad. ¿Cómo ve esto?
-Hay dos problemas en este juego de la confianza o la desconfianza. Primero que nada la responsabilidad de que los partidos políticos en Paraguay estén así es culpa de ese recambio generacional que nunca se da, o que si se da es peor de lo que ya se tiene. La ANR es un claro ejemplo de que tiene un recambio generacional pero que son peores que los viejos caudillos como “Calé” o como el finado Magdaleno Silva. Ahí lo tenés a Oscar Tuma como otro ejemplo, un tipo absolutamente ignorante en lo que respecta a ideología política (inclusive la de su partido) pero que llegó a diputado ofreciendo el cielo y la tierra a los votantes y para la política es un tipo joven. En primer lugar el problema son los políticos de los partidos y en segundo problema son los votantes, no sabemos votar. Esto también es un problema del continente, los latinoamericanos nos pasamos quejando todo el tiempo y cuestionando a los gobernantes como si la política es algo ajeno a nosotros, pero en realidad nunca nos hacemos responsables de lo que votamos. Yo veo desde acá por las redes sociales que muchos se pasan plagueándose por el gobierno de Cartes pero en las elecciones votó menos del 50 por ciento casi si mal no recuerdo, y muchos de los que lo votaron son jóvenes. En este juego de la democracia la responsabilidad no solamente es de los políticos y los partidos sino que es nuestra, y a veces creo que es más nuestra que de los políticos, aunque no podemos negar de que ellos son los que deberían controlar y administrar los recursos del Estado, no dimensionamos que mientras no vayamos a votar, eso no va a cambiar, y si la gente no se involucra en política y no participa en los partidos las mismas élites van a seguir allí, esto no va a cambiar si es que los/as ciudadanos/as no toman partido en el juego de la política, y tomar partido no solamente es ir a votar, sino militar dentro de los movimientos sociales, dentro de las comisiones vecinales, siendo un ciudadano responsable, no ensuciando tu vereda, cuidar los espacios públicos, etc. Si nosotros primero no cambiamos nuestra forma de ver las cosas y no nos metemos a sacarle a los sucios de siempre de los partidos ellos no van a salir.
-¿Se puede decir que las autoridades que gobiernan el Estado Paraguayo no tienen mucho conocimiento de los Derechos Humanos cuando salen a reclamar a las organizaciones no gubernamentales defensoras de DDHH por qué no aplican los derechos humanos para defender a la gente de los delincuentes?
-De todos los países de América Latina, el lugar donde menos se conoce de derechos humanos es Paraguay. Me animaría a decir que esa palabra provoca asco porque se ve así como decís: “para proteger delincuentes”. Estamos aplazados en derechos humanos, no nos importa. Ni a los ciudadanos ni a los políticos.
Una señora como Mirtha Gusinsky que en 1999 salió a pedir que masacraran gente para salvar a su marido nunca pudo haber sido presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Senado de la República. Una señora que un día sale a decir que “Paraguay es soberano” y luego pida intervención de tropas extranjeras para acabar con el EPP diciendo que “puede morir gente inocente” no puede tener ese escaño. Hay que hacer el mea culpa, hay gente que le vota, y no sabés quien tiene más culpa en eso, si los que le votan o los que no le votan. Tuvimos una reforma educativa que debió cambiar la perspectiva de la mentalidad de todos los paraguayos y lo que en realidad produjo es más de lo mismo o un producto mejorado.
Ahora tenemos jóvenes que no hacen loas a Stroessner pero andan alienados al lado de la botella de whisky de Cartes. Yo ya no sé qué es peor. Conozco jóvenes con los que jugaba fútbol que estudian en la Facultad de Derecho, son Católicos,  y algunos piensan en la pena de muerte para los motochorros y hacen ya las mismas tranzas que hacen los grandes políticos hoy. Esos son producto de nuestra reforma educativa, agudizó el problema del autoritarismo y del mesianismo que son las bases para que un tipo como Horacio Cartes que nos está comprando hasta la sonrisa llegue al sillón de los López. El caso de los estudiantes de derecho me da lástima, porque ellos deberían de ser las luces que se opongan a estas aberraciones que se comenten todos los días, por gente del Estado y por grandes empresarios, sin embargo están más preocupados en ganar plata que en perseguir los ideales de verdad y justicia.
-¿Qué es lo que más le preocupa de los Derechos Humanos en Paraguay?
-Me preocupa todo. Empezando por la poca voluntad que se tiene para resolver los crímenes de Estado del estronismo, continuando por las violaciones de derechos humanos en tiempos de transición a la democracia y continuando por el vacío actual en la cual a nadie le ruboriza lo que ocurre en el país. Me preocupa más que la gente siga teniendo esa actitud estoica que ahora me suena más a masoquismo. No se sale a reclamar nada, no se moviliza, lo único que me esperanza es la movilización del movimiento estudiantil secundario, es una esperanza que no pierdo, pero me preocupa que la gente no se esté dando cuenta que vamos retrocediendo cada vez más. No se puede criminalizar al campesinado por reclamar sus tierras y con ello sus movilizaciones, el problema de los agrotóxicos no solo les concierne a ellos, también a los de la ciudad, porque la porquería de químicos que comemos nos va matando de a poco y muchos de los movimientos campesinos están reclamando eso y en la ciudad les pagamos con el desprecio cuando cada vez que van a la capital nos preocupamos más porque vamos a llegar tarde al trabajo, al mismo tiempo en el trabajo dejamos que a  nuestro compañero o compañera le despidan por querer formar un sindicato, que es un derecho humano que ya se encuentra consagrado inclusive en la encíclica del papa León XIII “Rerum novarum” (de las cosas nuevas). Estas cosas objetivas que tiene que ver con la persecución del Estado a los movimientos sociales y con el silencio cómplice de los ciudadanos es un problema que nos va a hundir en el abismo. Espero no sea tarde.
-¿Cuáles serían las deudas más importantes del Estado Paraguayo en cuando a los Derechos Humanos desde su mirada?
-Podría citar dos que ya mencioné: la primera es la memoria y reparación con todas las víctimas de la dictadura, no hemos hecho casi nada en ese aspecto, lo segundo es el otorgamiento de todos los derechos individuales y sociales, una educación pública y de calidad, una buena cobertura sanitaria, un salario digno, tierras a los campesinos e indígenas, el acceso a la justicia, una alimentación sana y sin contaminantes, derechos de unión civil y libre a los LGTB y legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. Se tiene que entender de una vez por todas que el Estado es laico, eso quiere decir sin religión, la libertad de culto es una garantía constitucional, yo me declaro católico aún, pero no porque yo sea católico voy a hacer prevalecer mi dogma y lo voy a plasmar en la ley. Estos son los temas que están en una agenda que para mí son super prioritarias que abren el abanico a los problemas actuales como son el Caso Curuguaty donde se suman, creo, todos los males que actualmente nos aquejan, sin desmeritar a otras condiciones de violaciones de derechos humanos que se están viviendo en Paraguay.
-¿Cómo entender a los Chacariteños desde los Derechos Humanos y desde lo que hoy se llama “derecho a la ciudad”?
-Es una buena pregunta pero compleja y lo voy a hacer desde un análisis muy subjetivo como alguien que creció ahí y que conoce parcialmente esa realidad en la que le agrega algunos detalles de mi profesión de sociólogo. En derechos humanos se ve a la ciudad o al territorio como algo en el cual los grupos sociales se desarrollan y se desenvuelven, como un espacio donde se hace comunidad. La Chacarita es un barrio ya centenario, hay más de cinco generaciones en ese barrio con una cultura eminentemente rivereña. Para entenderlos hay que meterse en la cabeza de que antes del cambio climático las crecidas del Río Paraguay formaban parte del ciclo cultural del barrio, es decir, era normal ver la subida de la gente a la parte alta. Yo crecí jugando futbol en el Parque Caballero los domingos y ver a la gente de San Felipe y de otras partes del barrio ocupar el Parque y siempre todos convivimos con mucha paz y armonía. La llegada de la Franja Costera y luego de la Costanera implicó varios cambios para esa dinámica porque se comenzó a dar mayor visibilidad al barrio y a su gente, pero al mismo tiempo se modificaron ciertos patrones de conducta. El barrio comenzó a poblarse de gente de afuera, de otras condiciones socioeconómicas que utilizaban (con todo su derecho) la nueva Costanera como espacio de recreación y esparcimiento. Este paso a la modernidad y choque de visiones que están en un mismo país y en una misma ciudad produjo diversas reacciones: en la gente del barrio, en que no querían que les quite sus casas y que quería que todo esté así como estaba y en la nueva gente que iba a la Costanera en que no querían que le asalten. Entonces ahí tenes el problema del derecho a la ciudad que tienen los chacariteños contra el interés del clasemediero asunceno que quiere tener su Costanera linda porque no puede ser que los “campesinos de los encarnacenos” tengan una mejor costanera que la capital país. La plata invertida del Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM) que se utilizó para construir la Costanera debió prever un apartado para hacer trabajo social con la gente del barrio, no solamente para reubicarlos en otras zonas, sino para concienciarlos de ese cambio que se iba a dar a los que se quedaron ahí. Ahora se quiere habilitar el segundo tramo en la que afecta al barrio nuevamente, se quieren expropiar los bañados para hacer mega proyectos. ¿Para quién?, para la gente de los bañados no va a ser, son para el clasemediero asunceno que quiere tener su Puerto Madero como hay en Buenos Aires, quiere gastar lo que no tiene y aparentar lo que no es. En virtud de eso nos importa tres cominos lo que la gente que está hace casi cien años en ese lugar haga de su vida, importa más lo que yo quiero ahora y con lo que la plata me pueda dar, plata de la tarjeta de crédito o de la billetera de papá que tiene un negocio con el Estado pero que vive hablando a boca llena de la libertad del mercado y de que el Estado no se quiere meter. Gran paradoja.

-¿Por qué una familia chacariteña- como aquel niño al que  Cartes empleaba para lustrarle los zapatos –si se le da una casa en Capiatá-  termina volviendo a la Chacarita?

Orlando va con su tereré a todos lados. Foto: Gentileza.
-Maneco Galeano, a pesar de no ser de la Chacarita, lo graficó en su célebre guarania: “Y mañana volver a empezar, a empezar la jornada. Pero siempre empezar y volver a empezar esperando el mañana” y en la parte final dice “aliado al trabajo, al sol, a la fe crisol de mi esperanza”. Las palabras clave son “empezar”, “trabajo”, “fe” y “esperanza”. Esas son cualidades de las y los chacariteños/as. Los políticos van a comprarles las cédulas en las elecciones, ¿qué les queda?¿qué alternativas tienen? Muchos no tienen ninguna, pero siempre a pesar de las jodas de los políticos los chacariteños salen hacia “la arribada” para empezar lo que no nos dejan empezar, para ir contra ese estigma que la gente tiene. El barrio quedó sumido en una inseguridad tremenda producto del tráfico de drogas y la explotación infantil, eso existe y no se puede negar, pero existe por un Estado ausente que los utiliza y los jode todo el tiempo. La familia vuelve siempre al barrio porque en ese lugar se forjan luchadores, uno aprende a luchar contra todo y contra todos. José Asunción Flores el creador de la guarania era chacariteño y era un luchador. Rubén Vysokolán era chacariteño y era un tipo que laburaba de sol a sol. ¿La tuvieron fácil? Para nada. Todos los de ese barrio somos orgullosos de allí porque no somos personas que nos entregamos con facilidad, te vamos a trabajar de sol a sol, en cualquier condición y bajo cualquier circunstancia, decimos las cosas como son y nuestra condición de clase no nos importa. Mis amigos de la UCA iban a comer asado a mi casa, al “tapé po’i” (pasillo) nunca les rayaron el auto, nunca les asaltaron, nunca los molestaron, nunca les “peajearon”. Nada. El barrio tiene una articulación social que hace que tengas lo mejores amigos, amigos de toda la vida, o los peores adversarios. No hay puntos medios ahi. Cuando uno vuelve, vuelve porque Ña América vendía los mejores pescados del barrio y era una señora bondadosa que si no tenias plata te daba fiado hasta que cobres. Si volves es porque sabes que ese lugar caótico con todos los problemas sociales habidos y por haber es tu hogar, ese que formaste en comunidad, donde jugaron tus hijos en los pasillos y donde hoy juegan tus sobrinos o nietos. Si volves es porque no hay forma de negar que sos de ahí, por más que te mudes a las Carmelitas, a Villa Morra o a otra ciudad. Sos de ahí y eso nadie lo cambia. Eso le respondí a mi mamá cuando me preguntó si cuando iba a ir a Paraguay la última vez me iba a quedar en un hotel o en su casa. Obviamente le respondí que me iba a mi casa, a su casa, a la casa donde crecí, no hay día que no recuerde el rancho de paja donde crecí, donde ella y mi papá freían las empanadas para ir a vender y así hacerme estudiar para ser hoy lo que soy. 

En el barrio nosotros formamos lo que somos a partir de las experiencias que vivimos, que son más fuertes y hacen que te hagas fuerte, es el perfecto laboratorio social para afrontar las adversidades de un mundo cruel que cada vez te exige más para seguir consumiendo, que cada vez te sigue explontando. Por eso volvemos al barrio. 

Fuente: paraguay.com

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