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lunes, 31 de agosto de 2015

Un profesor de idiomas paraguayo en Siberia



VIVENCIAS DE UN COMPATRIOTA QUE FUE A ENSEÑAR IDIOMAS 

Tereré paraguayo en Siberia


Por Pedro Gómez Silgueira

 
William Díaz Bertolini (37) dejó el rabioso sol paraguayo para ir a ejercer su profesión de docente de idiomas en Siberia, donde debe soportar inviernos hasta con 53° bajo cero. Pese a las gélidas temperaturas y las pocas horas de luz diurna, no abandona su tereré, cuidando de que la yerba que lleva le alcance todo el año y que no se le congele el agua en cuestión de minutos. 






A unos 3.000 kilómetros de Moscú, en Siberia (Rusia), se encuentra la ciudad de Surgut, de apenas 300.000 habitantes. Hay diez horas de diferencia con Asunción.

Desde hace dos años el joven paraguayo William Díaz Bertolini enseña español e inglés en la Escuela Internacional de Lenguas de esta ciudad junto con otro compatriota, Camilo Román (26), también docente de idiomas. “Fui a través de un amigo, excompañero de Universidad que fue a parar a Siberia. Siempre estábamos en contacto y veía sus fotos. Un día me preguntó si me interesaba ir porque él quería volver a Paraguay, entonces el puesto quedaría vacante”.

La primera reacción había sido la de un rotundo no. Pero con los días fue pensando en aventurarse a algo totalmente nuevo y distinto.

William Díaz es docente de inglés recibido en el Instituto Superior de Educación (ISE) y también realizó cursos de enseñanza de inglés en Costa Rica y EE.UU.

El primer gran shock fue ambiental y cultural: “Al poco de llegar, con una temperatura de 47 grados bajo cero (la sensación térmica era de 53 bajo cero), salí a andar en bicicleta para hacer un video con mi teléfono celular. Pude hacer unas cuantas selfies estando parado. Cuando empiezo a andar en bicicleta, me saco los guantes y solamente logro captar más o menos 7 segundos antes de que mis manos empezaran a congelarse. Me puse los guantes de nuevo, cambio de mano y logro otra filmación de 4 segundos. Allí, mi teléfono celular se apaga y congela completamente”.

“También en mi primera experiencia y, por como se puede ver en la foto, no llevé puestos anteojos protectores (ya sea de ski o snowboarding) que son anteojos especiales que protegen el ojo contra el frío intenso. Al llegar a mi destino, mis pestañas y mis cejas estaban completamente congeladas. No sabía que no tenía que tocarlas porque se rompen. Me fregué los ojos y perdí unas cuantas pestañas y cejas. Obviamente, los rusos se dieron cuenta de que era nuevo en la región”, cuenta.

El compatriota afirma que hasta hoy día no ha logrado encontrar yerba mate por ningún lado para comprar en Surgut: “Escuché rumores de algunos amigos rusos que me dijeron (después de probar mi tereré o mate) de que se puede conseguir. Pero yo llevo mi ración de yerba que utilizo a medida y los 3 kilos pueden durarme por casi un año. Tomo tereré aún durante el frío intenso, también mate, y preparo cocido quemado y algunas veces mate dulce”.

Advierte que hay que tener precaución de no dejar el agua a la intemperie porque se congela en minutos.

El verano en Siberia dura solo un mes con una máxima de 25 grados y un sol radiante que permanece 24 horas. Se llaman “noches blancas” porque no oscurece y la vegetación recobra vitalidad en ese tiempo de tanta luz solar. En los inviernos, solo hay dos horas de luz (no de sol) y el cielo permanece nublado y oscuro el resto de la jornada.

El paraguayo asegura haberse aclimatado el primer año y adaptado con el segundo con la mentalidad de trabajar y aprender el ruso, bastante difícil, aunque con sonidos parecidos al guaraní. Asegura que Surgut es como una pequeña Asunción, pero en Siberia. Felizmente la tecnología lo mantiene unido a su familia, amigos y país.


pgomez@abc.com.py

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