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lunes, 24 de agosto de 2015

Paraguayo, mejor egresado de doctorado en México



Fue becado, se recibió con las más altas calificaciones y volvió al país antes del acto de graduación, pero recibirá su medalla por correo.

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Redacción-Paraguay.com


Daniel Oviedo Sotelo es investigador y docente del área de Humanidades, en particular de Filosofía, Ética, Derechos Humanos y Estudios para la Paz. Hace tiempo se desempeña como profesor de colegios y universidades de nuestro país. También dirige  una Academia de Literatura y Filosofía en el Colegio Nacional de Lambaré.

Fue a estudiar a México gracias a una beca que le otorgó la Secretaría de Relaciones Exteriores de México.  “Decidí probar en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) por ser la mejor rankeada en el área de Filosofía en el país; costó un poco ingresar porque nos presentamos muchos candidatos y solo el 20 por ciento fue admitido, luego de la revisión de currículums y del examen a distancia”, recuerda.

Daniel obtuvo  10 absoluto en todas las materias que cursó. Además, durante tres años realizó  la tesis doctoral llamada “Ética ambiental, Filosofía para la Naturaleza e Yvy marãe'ŷ rekávo en tiempos de la última Paz” y algunos capítulos fueron publicados en libros y en revistas científicas especializadas como Ludus Vitalis e Iztapalapa; junto a artículos de Allan Holland, R. Rozzi, T. Kwiatkowska y J. Baird Callicot.

Aun siendo extranjero, el Consejo de Ciencias de la ciudad de México y la universidad lo seleccionaron entre cientos de candidatos para presentar su tesis a nivel internacional, y le enviaron al VII Congreso Mundial de Educación Ambiental realizado en el 2013 en Marruecos (África), en el cual realizó dos ponencias.


 
 
Daniel Oviedo, egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana.
 
“Vivir allá implicó mucho esfuerzo y dedicación, pero tuve bastante apoyo de mi familia y de mis profesores, sobre todo de los doctores Jesús Rodríguez Zepeda, Teresa Kwiatkowska, Gustavo Leyva, Enrique Dussel, Eduardo Sandoval Forero y Luis Eduardo Primero; los dos últimos docentes que mencioné me apoyaron desde otras universidades. El Estado mexicano pagó gran parte de mis gastos y el Ministerio de Educación y Culturo (MEC) de Paraguay me permitió una pequeña ayuda para mi familia”, explica.
 
-¿Recibió el cartón por correo electrónico?  ¿Sabía que habías sido el mejor egresado?
-Sí, hace unos meses me convocaron a la U.A.M. para la entrega, pero por trabajo y otras cuestiones no pude asistir. Una compañera mexicana la recibió por mí y me la envío a Paraguay, fue una gran sorpresa cuando vi el cartón y la medalla de “honor al mérito”, es una gran satisfacción representar de buena manera a mi país.
 
-Mucha gente dice que no se necesitan especialistas en humanidades, que en Paraguay es necesario formar más gente del ámbito de las ciencias duras…¿Cómo responde a esta afirmación?
-Esa cuestión ya la han planteado varias veces, sobre todo desde la época de la Revolución Industrial; el propio Juan B. Alberdi hablaba de la importancia de crear Escuelas Técnicas en nuestra región. Pero lo cierto es que ambos tipos son necesarios. Las humanidades y ciencias sociales nos permiten saber cómo formar profesionales, elaborar programas y planes de trabajo, conocer nuestras sociedades y sus necesidades, atender y explicar los problemas nacionales, organizar la vida comunitaria y cotidiana, dirigir nuestras democracias, imaginarnos futuros mejores, enfrentar las crisis ambientales, etc.
No se deben descuidar ni las ciencias humanas ni las naturales, además tenemos profesionales y estudiantes muy destacados en ambas que mucho pueden hacer por el Paraguay.
 
- ¿Sobre qué se trató su tesis de doctorado?
-Sobre “ética ambiental”. En el trabajo realizo una revisión a las ideas de las diversas corrientes ambientalistas, desde la que creen que los humanos somos amos y señores de todo el planeta, hasta las que proponen la liberación a los animales o el respeto a los Derechos de la Madre Tierra. La historia ha evolucionado de una manera que cada vez somos más conscientes de que tanto nosotros como las demás especies necesitamos del equilibrio, que codependemos y que la armonía es necesaria para evitar la destrucción ambiental que tanto ya nos está afectando a nosotros y a muchas criaturas.
Al final propuse mejorar a la ética ambiental incorporando al pensamiento indígena sudamericano y americano en general.
 
- ¿A qué se refiere cuando refiere al pensamiento indígena latinoamericano?
-Los indígenas aprendieron a tiempo la lección, ellos cuidan a la Naturaleza como si fueran parte de ella y no sus “amos”, sin sobreexplotarla (salvo algunas excepciones). Los aymara, guaraníes y quechuas tienen como ideal de vida al “buen vivir” (sumak kawsay, teko põrã), es decir una vida plena y digna, disfrutando de la amistad, la familia, la cultura y el conocimiento, pensando en las generaciones futuras, conscientes del dolor y sufrimiento animal, respetuosos de los ciclos de la Madre Tierra.
Los guaraníes, también buscan la Tierra sin Males, equivalente a un paraíso donde abundan los alimentos y vivimos en paz con la Naturaleza; y promueven una forma de ser en comunidad: Jopói o “manos abiertas mutuamente”, que se refiere a la obligación de la reciprocidad entre las personas y hacia la Naturaleza, es el compartir sin esperar nada a cambio y agradeciendo la generosidad.
 
-¿Es posible rescatar eso desde la práctica? ¿Cómo?
-La crisis global ambiental solo se puede enfrentar desde diversos frentes: organismos internacionales, gobiernos, educación, personas individuales, comunidades. En el caso de nuestra sociedad, debemos ser conscientes de que la felicidad no consiste en tener cosas o bienes suntuarios y que tanto las demás especies como los no nacidos aún merecen recibir el planeta en condiciones óptimas para un vivir bien.
Los animales y la Naturaleza toda, merecen nuestro respeto. No podemos seguir así, con tantos perros y gatos sueltos en las calles, con granjas “intensivas” donde se tortura a los animales para la producción de huevos o de carne, con arroyos hipercontaminados impunemente por fábricas (en medio de las ciudades), con gente que tira por costumbre basura en la calle, o con un sistema de transporte público dependiente del petróleo, cuando producimos tanta energía y no es tan difícil hacer las reformas.
Pueblos como Atyrá han logrado mucho, lo extraño es que el ejemplo ha cundido poco, pese a todas las quejas y los deseos ciudadanos. Pero creo que tenemos hoy en día muchas oportunidades para hacer transformaciones, ya se ha empezado a enseñar sobre estas cosas, ese es un paso importante; ya hay grupos de jóvenes promoviendo la limpieza de las ciudades, el orden en las calles, la solidaridad, etc.

- Está trabajando actualmente en educación secundaria: ¿cree que se puede llevar una vida digna siendo docente de secundario en Paraguay? Creo que los catedráticos ganan algo así como 12.000 guaraníes por horas cátedras.  Si el docente enseña ciencias sociales y tiene dos horas de Ética en un colegio y tiene que tomar dos colectivos de 3.400…¿Cómo hace?
-Es correcto, es más, costó mucho conseguir el reciente aumento de solo 10 por ciento. Es muy difícil así, muchos colegas tienen que trabajar excesivas horas para llegar al mínimo o un poco más, y conste que tienen suficiente formación profesional. Las universidades pagan un poco más y eso nos permite a algunos cierta libertad y seguridad, pero a la vez sentimos que deberían dar incentivos para la formación contínua, pagar más a los que publican o se perfeccionan, tomar en cuenta la calidad del servicio docente; un trabajo que te da mucho para llevar a la casa a hacer.
También urge que las universidades públicas sean siempre sitios para los mejores docentes, que se deje de meter gente por amiguismo o nepotismo. Los estudiantes que van a ellas se merecen eso y también los profesionales docentes de nuestro país. En mi caso, uno de varios, puedo decir que tengo un doctorado que poquísimos compatriotas han logrado, publicaciones en tres países, once años de formación universitaria (seis de ellos en el extranjero) y amplia experiencia docente; pero rara vez soy contratado en la Universidad Nacional de Asunción (UNA) y el puesto cada año depende de los avatares políticos. El año pasado, por ejemplo, no me encargaron ni una cátedra pese a que superaba a la mayoría de los competidores. No es apresurado afirmar que la querida Facultad de Filosofía (UNA) aún mantiene prácticas de la época de la dictadura en algunas áreas. En contraste, en México (no siendo originario de allí) me ofrecieron dirigir un postgrado estatal de Educación para la Paz.
 
- ¿Por qué dice en su título de su tesis “la última Paz”
-La humanidad vive en una encrucijada actualmente, nos queda poco tiempo para reformular totalmente el estilo de vida de las mayorías en las sociedades occidentales y bajo su influencia. Claro, también debemos ser conscientes que no todos “somos” culpables, unos tienen más responsabilidad que otros, no hay un “suicidio planetario”, unos cuantos están sacando mucho más provecho de la degradación ambiental que el resto, mientras los otros no se enteran o no se ponen de acuerdo en cómo cambiar la realidad.
Creo que nos hallamos en el tiempo en que tenemos la “última oportunidad” para “hacer las paces” con la Naturaleza, si queremos evitar las malas consecuencias que se avecinan (extinción humana, muchas muertes, o severa desmejoría de la calidad de vida), logrando un mundo diferente al actual en sentido positivo o incluso uno mucho mejor. Si fallamos, la relativa paz con que viven muchos seres humanos hoy en día se perderá para siempre o por mucho tiempo.
 
- ¿En qué está trabajando ahora?
-Estoy escribiendo la segunda edición de “Solo sé que no sé nada” un libro que publicamos este año con textos y ejercicios de Filosofía para estudiantes de bachillerato. También estoy buscando un apoyo para realizar investigación postdoctoral en el extranjero. Y claro, doy clases, algo que produce muchas satisfacciones, a pesar de los incovenientes que nos crea la ultratecnologizada vida de los estudiantes actuales.
Fuente: paraguay.com

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